La mayoría de los europeos no han valorado exactamente la importancia de la contribución que han recibido de la civilización islámica, ni han comprendido la naturaleza de lo que han tomado de esta civilización en el pasado, y algunos incluso desprecian por completo todo lo relacionado con ella. Resulta extraño que se considere a los europeos como los herederos directos de la civilización.

La realidad extraída de la propia historia deja absolutamente claro que la ciencia y la filosofía griegas fueron transmitidas a los europeos por intermediarios musulmanes.

La importancia de los musulmanes en España a lo largo de la historia

En otras palabras, si no fuera por los sabios del Islam y sus filósofos, los europeos habrían permanecido en total ignorancia de este conocimiento durante mucho tiempo, suponiendo que hubieran llegado a conocerlo. Como estoy hablando, entre otros aspectos, de la lengua árabe, podemos ver una prueba segura de la extensión de esta misma lengua.

En Occidente influyeron en la existencia de términos de origen y raíz árabe mucho más numerosos de lo que se cree, incorporados a casi todas las lenguas europeas y cuyo uso ha llegado hasta nosotros, aunque muchos europeos que los utilizan desconocen totalmente su verdadero origen.

Un patrimonio que no se olvida

Como dice Ian Gibson, en su artículo de opinión «Una modesta propuesta», sería prudente considerar el árabe como parte esencial del patrimonio nacional español. Entre otras cosas, el léxico español contiene unas 4.000 palabras de origen árabe (el 8% del total), y eso sin contar las decenas de miles de topónimos que jalonan todo el territorio. Sería lógico, sensato, culto, normal y práctico que en España se considerara el árabe no sólo como parte esencial del patrimonio nacional, sino que se comprendiera su gran importancia, empezando, si se quiere, por su importancia comercial en el mundo contemporáneo.

Incluso me atrevería a decir que los europeos estaban en deuda con ellos. La razón, el amplio legado cultural que sembraron durante su larga estancia. La presencia musulmana en la Península Ibérica permitió el intercambio cultural entre Oriente y Occidente. Durante mucho tiempo, de la mano de los sabios árabes, tanto los conocimientos de la Antigüedad como sus propios descubrimientos llegaron a al-Andalus, y desde allí comenzaron a extenderse por todo el continente.

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